Acción escultórica performativa. La pieza recupera el rito pagano como forma de relación entre cuerpos, entorno y sujetos no humanos, tomando como eje a Agdistis, divinidad intersexual vinculada a lo salvaje. En los mitos clásicos, cuando un héroe destruía a un monstruo (un antiguo dios), eliminaba también una forma de coexistencia con el mundo. Matar al monstruo era imponer orden: transformar lo híbrido, lo diverso y lo deseante en algo legible y productivo.
La performance entiende la escultura como un acontecimiento vivo donde cuerpo, materia, música y entorno actúan conjuntamente. Desde una sensibilidad cercana a la teoría queer, la identidad aparece como algo fluido e inestable.
Joaquín Jara desarrolla una práctica donde la escultura se entiende como un proceso expandido en relación con el entorno y sus dinámicas materiales. Su trabajo se sitúa entre escultura, acción y ecología, a través de intervenciones en contextos naturales y urbanos y procesos experimentales vinculados a otros agentes vivos. Las obras surgen de situaciones donde cuerpo, materia, tiempo y entorno interactúan junto a sujetos humanos y no humanos dentro de una misma operación escultórica. Cerámica, madera, bronce, escayola o cuerda funcionan como huellas materiales de acciones ligadas al ritual, el paisaje y la transformación de la materia.